A San d'Oria
Buen, ya tenía la conciencia tranquila al menos. En parte entiendo sus manias. Preocuparse por los habitantes de una ciudad aislaslada, con una estatua del dios maldito en las cercanias, y una niña que charla con él, es como para preocuparse.
Pero no era asunto mio. Mi asunto estaba en Sandy. Y mi collar me iba a llevar ahí en un segundo.