Dreamdiana

Sueña conmigo

Archivo para 2010

Una mañana

Escrito por Diana 20 - diciembre - 2010

Las seis y media de la mañana. Al salir a la calle, el coche completamente cubierto de escarcha. Me enfundo en los guantes, agarro el raspador e intento limpiar un boquete lo suficientemente grande como para no despeñarme de camino al trabajo. Tras 10 minutos de mis esfuerzos unidos a los del coche, que se portó de maravilla encendiéndose a la primera y ronroneando sin interrupciones mientras echaba aire caliente al cristal, aparece un ventanuco por el que se puede atisbar con medio ojo. Suficiente.

Dentro del coche no hace frio, al menos no mucho, y la sensación es muy acogedora. Un rinconcito mio, personal, con las ventanas blancas que me recuerdan los inviernos en Rusia, cuando el abuelito Frio venía a pintar paisajes de encaje helado en las ventanas. Ese mismo diseño que todos se esfuerzan tanto en conseguir en sus ventanas por Navidad con pinturas, imitación de nieve de los chinos y algo de talco. Y lo adornan con muerdago como en las mejores familias americanas.

Y todo eso para intentar regresar a esas noches que todos guardamos en los recuerdos. Noches de soledad. La oscuridad en la casa y fuera de ella. El cristal blanco que aclaras con la respiración cálida y te quedas ahí. Quieto. Sin prisas. Observando. Fundiendote con la oscuridad y el silencio. Feliz.

El cristal escarchado no duró mucho. Pero la sensación se quedó conmigo. Es una buena manera de empezar la semana.

El misterio de la Declaración de Independencia de EEUU

Escrito por Diana 29 - octubre - 2010

Este artículo es una traducción del artículo original de Artemiy Lebedev

Esa historia comenzó en Julio de 2004, cuando el autor investigaba documentos en la sección de materiales de papel en el Archivo Central Nacional de la Historia Internacional de Ucrania en Kiev. Se le acercó el responsable del archivo, Nikolay Fedorovich Kislenko muy preocupado y le dijo: “Ven, te enseñaré algo. Nunca viste nada igual”.

En una de las estanterias de los almacenes se encontraba una gruesa carpeta, firmada con pintura calina “Сев[ерная]. Ам[ерика]. [Война 17]75-83″ (America del Norte. Guerra 1775-83). Entre distintas cartas, grabados, folletos y carteles estaba la hoja, medio descompuesta y doblada tres veces, de la Declaración de la Independencia de EEUU de 1776.

 

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El texto de la declaración fue adoptado el 4 de Julio de 1776 y firmado por dos personas:
el presidente del congreso, John Hancock y el secretario Charles Thomson.
Ese mismo día, John Dunlap imprimió las hojas con el texto (se conservaron 24 ejemplares de esos impresos),
que se distribuyeron entre distintas asambleas legislativas y comités.La Declaración de la Independencia en su aspecto caligráfico conocido la crearon el 19 de Julio,
y fue firmada por los representantes del congreso continental el 2 de Agosto de 1776.

Incluso el lector con la imaginación mas desarollada no podría entender el desconcierto del investigador al ver el siguiente título:
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Solo quedaba averiguar, como es que un objeto del orgullo nacional de EEUU apareció en un archivo de Kiev, y por que un documento de importancia histórica se titulaba United States of Жmerinca.El 19 de Julio de 1776 el congreso ordenó que la declaración fuera “debidamente copiada con letra grande en un pergamino, bajo el título “Declaración Unánime de los Trece Estados Americanos Unidos” y […] firmada por todos los miembros del congreso”.El trabajo caligráfico fue encargado al ayudante de Charles Thomson, Timothy Matlack. En ese punto acaba la versión oficial de la historia de la declaración en todas las fuentes, y los demás detalles apenas se mencionan. Solo se sabe que los delegados del congreso firmaron el 2 de Agosto.
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John Trumbull. Firma de la Declaración de la Independencia.
Tras ese día comienza un período oscuro en la vida de la hoja de papel tamaño 61,5×75,5 cm. La declaración es enrollada y escondida en el archivo. Durante algún tiempo el documento no se muestra, repartiéndose copias del texto. El original mientras tanto viaja de un archivo a otro hasta que aparece en la ciudad de Washington. (The Declaration of Independence: A History.)El caso es que el verdadero nombre de Timothy Matlack que copió la declaración es Tomislav Matlakovskiy. Unos cuantos años antes del comienzo de la revolución en el nuevo mundo, abandonó Braslav Voivodeship y navegó hasta América, donde en un principio trabajó como fabricante de cerveza, luego se interesó por el movimiento de los Quakers y luego se dedicó a la política. A veces le confiaban trabajos caligráficos: a su pluma se deben algunos papeles importantes, incluyendo un decreto en el que se nombraba a George Washington comandante del Ejército Continental.
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El autor visitó Kiev unas cuantas veces mas a lo lardo del mismo año, y encontró en el Archivo Central Nacional de Minzdrav el libro parroquial en la que se reflejaba que Matlakovskiy nació en un pueblo llamado Жмеринка (Zhmerinca), cerca de Vinizza.Por lo visto, el nostálgico Matlakovskiy dibujó el título con una mezcla de caracteres cirílicos y latinos, y los miembros del congreso no se dieron cuenta de nada el día de la firma. Pero Charles Thomson se dió cuenta al día siguiente, mandó ocultar el original y no mostrarlo a nadie, y degradó a Matlack de Secretario de Mancomunidad de Pensilvania a Delegado de Congreso del mismo estado.Tuvieron lugar dos intentos de falsificar la declaración, en el año 1818 y 1819. Pero las copias se declararon no válidas para las masas, ya que los responsables de los trabajos de copiado adornaban el documento con monogramas y decoraciones. El congreso quería tener una copia perfecta para exponerla al público. El trabajo fue encargado a William J. Stone en el año 1820. El proceso de copiado fue completado en tres años, tras lo cual, el Departamento de Estado adquirió la copia maestra.El 5 de Junio de 1823, el periódico de Washington – National Intelligencer, indicaba: “… la posibilidad de hacer copias [de la declaración], de la que dispone ahora el Departamento del Estado hace innecesaria la exposición del original”.   (The Declaration of Independence: A History. NARA)El resultado del meticuloso trabajo es la imágen que ahora venden como posters.

Stone no consiguió resolver dos problemas: La letra “Ж” y la asimetría del título en relación al texto principal.
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El título, según todos los canones de ese tiempo, tenía que tener la misma anchura que el texto original, o disponerse en el centro, pero la comisión especial del congreso decidió que el fallo podía permitirse. Stone convenció a los miembros de la comisión de que los espectadores no iniciados creerian que la extraña letra era la “A”.Desde ese momento el original nunca se mostró en público y su destino era desconocido. A mediados del siglo XIX empezaron a exponer una copia envejecida, que hasta hoy en día se localiza bajo el grueso cristal en la sala  del edificio de Archivos Nacionales de Washington.Sobre esa copia fue creada la historia de la película “La Búsqueda” con Nicolas Cage. Es curioso que por una órden de los productores de la película, el título de la declaración no se muestra en grande en ninguna parte, y todos los carteles se realizaron en forma de collage, donde la letra “Ж” esta oculta. Los americanos opinan que no es bueno llamar excesivamente la atención sobre ese error histórico.
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Señales

Escrito por Diana 19 - octubre - 2010

Hace mas o menos medio año viajé en Interrail por Europa, hasta Turquia, Estambul, y de vuelta, en 2 semanas. Para las horas muertas en el trayecto, para cuando no estuviera totalmente rota y dormida, me llevé un libro. ‘El Fuego’ de Katherine Neville, un libro que acababa de salir y de cuyo contenido no sabía nada. Había leido la primera parte ‘El Ocho’ hace bastante tiempo…

En aquel momento no me di cuenta, estaba demasiado absorta en otras señales, como por ejemplo un enorme cartel en las Ramblas de Barcelona al inicio de mi viaje, en el que ponía ‘Turquia esta preparada’, pero el libro también mencionaba Turquia, entre otros paises. Muchas cosas relacionadas con los turcos…

Y ahora, acabo de volver de otro viaje, de Rusia. Justo un par de semanas antes había empezado a releer los libros de Neville, pasando primero por ‘ El Círculo Mágico’ y ‘Un Riesgo Calculado’ y claro, para cuando llegué a Rusia, estaba completamente inmersa en ‘El Ocho’. Que curiosamente, trata mucho sobre Sant Petersburgo.

Coincidencias, señales. Y si las hago caso, entonces mi siguiente viaje debería ser un punto común de ambos libros. EEUU o Argelia? El desenlace o el proceso?

Nos fijamos en las señales solo cuando las buscamos. Son coincidencias en el enorme galimatias en el que se ha convertido la vida. Estan ahi siempre, solo que, no nos fijamos hasta que nos llega el momento.

Miedos

Escrito por Diana 1 - octubre - 2010

Que curioso es el lavado de cerebro. Con algo de esfuerzo se pueden borrar miedos, convicciones, recuerdos… Lo pongo en práctica a veces, aunque lavarse el cerebro a si misma requiere bastante preparación. Pero es util. Como ahora, quitarme el miedo a las alturas ante el inminente viaje a Rusia en avión. Trás 3 dias de preparación y uno de lavado, lo único que siento ante esa idea, que solo hace un par de semanas me daba un pánico terrible, es ilusión. El hecho de volver a Moscú 20 años después de haber salido de ahí, ayudó bastante.

A la aventura.

Un recuerdo

Escrito por Diana 12 - agosto - 2010

No se por que ha venido, quizas por exceso de lectura de artículos de Perez-Reverte con su acidez y mala leche. En cualquier caso, llevo un buen rato recordándolo y rabiando.

Lo dicho, fue hace muchos años, en aquella época en la que aun visitaba a mis abuelos cada verano en Cantabria. Estaba de regreso a casa, en el tren, uno de los de antes, con asientos blandos y cafetería en la que se podía fumar. Tras 2 horas de mirar por la ventana y contar toros, túneles y rios decidí ir a esa cafetería a tomarme un café. Llevaba un montón de dinero, obsequio de mi abuela, 5 mil pesetas, una cantidad tremenda para una cría de 15 o 16 años que solía pasar la semana con 20 duros de paga (en el caso de que no estuviera castigada que era casi siempre). Fuí hasta la cafetería fijándome por el camino en un grupo de chavales, mas o menos de mi edad, bastante tranquilos, sin armar jaleo, pero se les veía contentos. Me cayeron bien sin conocerles. Llegué hasta la barra, me pedí el café y me dispuse a disfrutarlo imaginándome de camino a Turquía en el Orient Express. Había varios clientes sentados, todos muy relajados y solitarios, con sus tazas o copas, leyendo panfletos, periódicos, o simplemente mirando por la ventana.

Ya estaba terminando cuando entró al bar una chica del grupo en el que me fijé antes. Se acercó a la barra y pidió 4 botellas de agua. No recuerdo cuanto le pidió el camarero, lo que si recuerdo perfectamente es que no le llegaba el dinero. Por unas 20 pesetas o así. El grupo era grande, 4 botellas de medio litro entre todos era poco. La chica se quedó un poco pillada, con esa expresión perdida que nos aparece cuando no se nos ocurre ninguna solución. Miró a su alrededor, a los clientes, que en ese preciso momento estaban haciendose los despistados, mirando atentamente hacia cualquier lado menos a ella. Cada uno a su bola.

Me miró, la miré…

– Cóbrame lo que le falta a mi – dije, muriéndome de vergüenza por dentro, por haberme metido donde nadie me llamaba. Por estar seguramente metiendo la pata ofreciendo mi ayuda cuando nadie me la había pedido.

– No hace falta.

– No pasa nada, cóbrame.

– Gracias.

Sin mas, me sonrió, recogió sus botellas de agua y se marchó. Y entonces fue como si todo el vagón restaurante hubiera despertado. Todos me miraban. Me sonreían. Te invito a un café – me dijo el vecino de la barra a mi derecha.

Ahí me terminé de hundir por la vergüenza, balbuceé un no, muchas gracias y me escabullí de vuelta a mi asiento, enterrando la cara completamente roja en un libro. No estaba acostumbrada a tanta atención.

Y hoy lo recuerdo. Malditos cabrones. Todos llevabais esa lucecita dentro. Todos los de la cafetería. Esa luz que hace que admiremos una buena acción y que nos despierta del letargo de nuestra indiferencia y egoismo. Por que os ha costado tanto mostrarla? Tuvo que ser una cria la que ayudó a alguien en apuros para que reunierais el valor de enseñar lo buena gente que sois por dentro. Ese valor que parece que no hace falta para hacer una cabronada, hablar mal de alguien a su espalda, o hacerse los indiferentes ante una desgracia ajena, por mínima que sea.

Y no, no me estoy echando flores. Yo también tengo cadaveres arrojados a la cuneta de mi camino. La de veces que me hice la indiferente y pasé de largo cuando tenía que haberme parado. Y la vergüenza de recordarlo después.

 

Cuanto valor hace falta para ayudar…

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